Emilie Madleine Reich nació en Viena el 9 de enero de 1902. A los 28 años, al contraer matrimonio, adoptó el nombre con el que ha pasado a la historia: Emmi Pikler. Pediatra de formación, Pikler desarrolló un modelo pedagógico basado en la confianza en las capacidades y la autonomía de los niños, así como en el respeto a sus ritmos de aprendizaje. Entre 1946 y 1979 dirigió, a petición del gobierno húngaro, un orfanato ubicado en la calle Lóczy de Budapest. Allí pudo poner en práctica sus ideas.

La de Pikler fue una vida consagrada a la infancia, un trabajo inconmensurable con el que nos dejó un legado que mantiene su vigencia. En el curso «Movimiento libre en la etapa 0-3 años», Eduardo Rodríguez comparte las claves para aplicar esta propuesta en el hogar o en el aula. Hoy queremos hacerle un pequeño homenaje a través de 6 citas que recogen algunos de los principios fundamentales de su pensamiento.

1. Acompañar antes que enseñar

Intentar enseñar a un niño algo que puede aprender por sí mismo no sólo es inútil, sino también perjudicial.

En ocasiones, las cualidades de los niños nos deslumbran hasta tal punto que caemos en la tentación de pretender 'acelerar' sus procesos de aprendizaje. Emmi Pikler nos enseñó a permitirles descubrir su propio camino. No sólo hay enseñanzas al final del trayecto: el viaje en sí mismo es rico y valioso.

2. Reflexiones a partir de la alimentación

Si un bebé gira la cabeza cuando le ofreces otra cucharada de verdura, te está diciendo claramente: "no quiero más". Entonces, ¿por qué tú, adulto sensato, quieres darle otra cucharada, diciendo "una más por mamá" o "abre el túnel, que viene el tren"? Al hacer esto envías un mensaje a tu bebé: "sé que estás transmitiéndome un mensaje, pero lo estoy ignorando". Los niños devuelven a sus padres lo que reciben de ellos. Imagina dónde acabará todo esto cuando pasen unos cuantos años...

Al leer esta reflexión de Emmi Pikler es inevitable pensar en los valores del Baby Led Weaning o alimentación complementaria autorregulada. El respeto a las decisiones del niño y la confianza en sus capacidades están presentes en ambos postulados. Porque no sólo educamos cuando nos lo proponemos: lo hacemos con cada gesto, con cada palabra y con cada decisión que tomamos.

3. Jugar es descubrir el mundo

En el niño, incluso en el bebé, hay por naturaleza un inagotable y creciente interés en el mundo y en sí mismo. No es necesario 'entretener' a un bebé. Puede jugar durante horas, días e incluso meses con los objetos que consiga.

En el juego libre de los niños no hay tiempo perdido. Jugar es su manera de descubrir su entorno, sus emociones y la realidad en la que viven. El juego no es sólo una cosa de niños, pero las prisas sí suelen ser únicamente cosa de los adultos.

4. La maravilla del movimiento libre

Si les damos a los niños el espacio y las posibilidades necesarias para moverse en libertad, lo harán con tanta belleza y gracia como animales: con agilidad, sencillez, confianza y naturalidad.

La pedagogía Pikler no deja todo en manos de los pequeños. El adulto también tiene un papel decisivo en su desarrollo. Una de sus funciones más importantes es la de preparar un espacio seguro y atractivo para el movimiento libre. Si lo hacemos de la manera adecuada, sólo nos quedará acompañarles y disfrutar con sus progresos.

5. Moverse es crecer

Un niño se inclina, se estira, hace pequeños movimientos como una oruga, lentos y graduales. Es una de las etapas más importantes en su desarrollo motor. Dura varios meses. Durante ese tiempo desaparece la asimetría del tronco con la que nace el niño. A través de estos movimientos naturales, la columna se endereza y el tronco se vuelve elástico, flexible y musculoso. No puedo decir cuán importante es esta etapa de desarrollo.

Emmi Pikler estudió en profundidad la manera en que crece y se desarrolla el cuerpo de los niños. El conocimiento experto ratificó lo que siempre había intuido: el movimiento libre es determinante desde todos los puntos de vista. Desde el físico al psicológico, pasando por el emocional y el socioafectivo.

6. Observa, deja que aprenda... y aprende

Nunca tomaremos el control de los juegos de un niño, ni esperaremos que juegue de la manera que imaginamos que debería. Observamos si quiere jugar y, si lo hace, cómo quiere jugar. ¿Qué puede hacer el niño con el juguete y qué quiere hacer con él? Cada niño puede jugar de una forma distinta con el mismo juguete. A veces las diferencias son pequeñas, pero esenciales. Lo fundamental es que el niño descubra por sí mismo todo lo que pueda. Permitiremos que experimente de manera individual y de acuerdo con su desarrollo. No le apremiaremos. No le alentaremos a hacer cosas para las que no esté preparado. No alabaremos sus éxitos de forma exagerada.

Además de preparar el espacio para el juego libre, el adulto también debe observar atentamente al niño. No es una cuestión de importancia menor. Debemos estar preparados para saber en qué aspectos fijarnos y adaptar los materiales y el espacio a la etapa de desarrollo del niño. En el curso «Movimiento libre en la etapa 0-3 años», Eduardo Rodríguez también profundiza en esta cuestión, una de las piedras angulares de la pedagogía Pikler.

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