La primera edición de Duérmete, niño, libro del pediatra Eduard Estivill y Sylvia de Béjar, vio la luz en 1995. La obra ha tenido un incontestable éxito comercial desde su publicación. Más de tres millones de ejemplares vendidos dejan claro que la propuesta plasmada en esta obra ha despertado gran interés. La acogida en las librerías, sin embargo, ha convivido con las críticas de numerosos profesionales. Muchos psicólogos, pediatras y educadores han sido tajantes y contundentes en su desaprobación del conocido como 'método Estivill'.

Es difícil encontrar una madre o un padre que nunca haya oído hablar de este polémico planteamiento. Al fin y al cabo, a todos nos preocupan los hábitos de sueño de nuestros hijos. Sabemos que es una parte fundamental de su proceso de desarrollo. Además, no tardamos en entender que si ellos no duermen, nadie en casa lo hace. Sin descanso no hay felicidad para la familia. Por eso es normal que los adultos tratemos de establecer rutinas que faciliten que las noches sean placenteras para todos. El 'método Estivill' dice que la clave está en que los niños duerman solos y en su propia habitación lo antes posible. ¿A qué precio? Según sus partidarios, basta con paciencia y constancia. Para sus críticos, el coste puede ser mucho más elevado.

¿En qué consiste el 'método Estivill'?

En el curso «El sueño en la infancia», Alberto Soler se detiene a analizar esta práctica. "El conocido en España como 'método Estivill' no es más que la aplicación de los principios de modificación de conducta al sueño de los niños. Parte de la idea de que los problemas del sueño de los niños se derivan de unos malos hábitos que debemos corregir. Una parte de esos hábitos estarían en la excesiva atención de los padres a sus hijos cuando acuden a sus llamadas nocturnas", comenta el psicólogo. Así, la propuesta pasa por no atender inmediatamente las peticiones de un niño que demanda la presencia de sus padres. Se trata de obligarle a aceptar la soledad aunque llore, suplique, grite o haga otras manifestaciones de sufrimiento. El doctor Eduard Estivill ofrece instrucciones muy precisas para ello en su libro Duérmete, niño.

... lo lógico es que llore, grite, vomite, patalee, diga “sed”, “hambre”, “pupa”, “no te quiero”... lo que sea con tal de conseguir que os dobleguéis, pero ni os inmutéis... Y si os cuesta mucho, pensad que lo estáis haciendo por su salud y la de toda la familia.

Nunca dialogaréis con el niño ni haréis caso de sus protestas. Ahora sabéis que sólo está haciendo servir acciones para conseguir reacciones. De hecho, no le pasa nada. Por tanto, no os pongáis nerviosos ni desfallezcáis en ningún momento, ni tan solo cuando veis que el niño vomita o se da golpes.

Muy probablemente el niño, que intuye la que se le viene encima, esté montando una escandalera horrible. No por eso el adulto cambiará su tono de voz, ni se callará, ni mucho menos conversará con él. Se trata de articular un monólogo, jamás un diálogo. El papá debe volverse ciego y sordo.

Es demasiado pequeño para saber cuán importante es que aprenda a dormir solo y lo único que quiere es sentirse acompañado y con sus papás. El bebé no puede leer esta guía rápida, no puede hacer lo correcto, debéis hacerlo vosotros. Haced de tripas corazón y salid del cuarto.

Extractos del libro Duérmete, niño

Estudios científicos relacionados con el 'método Estivill'

Eduard Estivill ha presumido en repetidas ocasiones de la eficacia de su método. Asegura que los resultados han sido satisfactorios para más del 95% de sus pacientes. Pero, ¿a qué se refiere con "resultados satisfactorios"? ¿Podemos hablar de éxito desde el momento en que el niño deja de reclamar la atención de sus padres? Probablemente sea más justo y exacto hacer un examen más profundo antes de poner nota. Desde luego, lo lógico es incluir en la evaluación los riesgos y posibles consecuencias del uso de este método. Incluso aquellas que no se adviertan a simple vista. Porque aunque el niño acabe cayendo dormido, tal como sus padres deseaban, puede que el fin no justifique los medios.

La psicóloga Wendy Middlemiss lideró en 2012 una investigación centrada en el cortisol, la hormona del estrés. Comprobó que mientras los niños lloraban al ser dejados solos en su habitación, tanto ellos como sus madres presentaban altos niveles de cortisol. Lo interesante es que cuando esos bebés aprendían a quedarse dormidos sin llorar, días más tarde, los niveles se mantenían elevados. No en las madres, tranquilas al no escuchar el llanto, pero sí en el de sus hijos. "En el comportamiento de los bebés no había indicios de que estuviesen experimentando angustia. Sin embargo, sus niveles de cortisol sí demostraban angustia fisiológica. Con el 'entrenamiento del sueño' no habían aprendido a manejar sus experiencias de estrés e incomodidad", comenta Middlemiss.

Los trabajos de Edward Z. Tronick y Katherine Weinberg han alcanzado conclusiones muy similares. Estos psicólogos apuntan que cuando un bebé reclama a través del llanto, su cerebro sólo puede dedicar esfuerzos a ese objetivo. Deja al margen, por así decirlo, los procesos de desarrollo y aprendizaje de habilidades socioemocionales. El 'método Estivill' no sólo aconseja ignorar ese llanto, también insiste en que el niño duerma en su propia habitación. La Asociación Americana de Pediatría recomienda justo lo contrario en sus indicaciones para la creación de un espacio de sueño seguro.

Alternativas respetuosas para entender y acompañar el sueño de tus hijos

Existen muchos estudios más que alertan sobre los posibles peligros de poner en práctica los consejos de Estivill. "Estos métodos no enseñan a los niños a dormir, sino a aumentar su capacidad de autoconsuelo. Son capaces de calmarse cuando se dan cuenta de que sus padres no van a acudir cuando los necesitan. Dicho con otras palabras, es incrementar su capacidad de resignación", explica Alberto Soler en el curso «El sueño en la infancia». No es el único profesional de prestigio que ha sido crítico con el método en España: también Carlos González, Rosa Jové o Ibone Olza, entre otros, han denunciado sus riesgos.

"Estivill niega insistentemente que las secuelas de su método existan. Pero a veces tienen forma de trastornos de ansiedad de separación, depresiones infantiles, enuresis o graves trastornos de conducta en la adolescencia", añade Soler. No merece la pena exponer a un niño a problemas de tanta gravedad a cambio de conseguir que duerma solo. La clave no es 'entrenarle', sino entender que sus hábitos de sueño se estabilizarán dentro de un proceso evolutivo natural. Esto no implica que los padres tengan que estar dispuestos a renunciar a su propio descanso. En el curso «El sueño en la infancia» encontrarás estrategias basadas en la paciencia y la comprensión para que la hora de dormir no se convierta en una pesadilla.

Foto: Joffi [CC0 1.0]

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