No existen aliados pequeños cuando se trata de educar. Es una tarea tan exigente y compleja que cualquier ayuda o apoyo puede suponer un auténtico tesoro. Pero el cansancio y el estrés son adversarios poderosos; y su efecto puede hacer que pasemos por alto recursos que tenemos al alcance de la mano. ¿Cuántas veces nos dejamos los sesos buscando nuevas maneras de entretener a los niños? ¿O pensando en alternativas para lidiar con los momentos del día que siempre se complican, como el baño o la hora de ir a la cama? Mamás y papás somos capaces de idear estrategias variadas y originales, aunque no siempre eficaces. Y sin embargo, a menudo olvidamos un recurso que siempre está disponible: la música.

Los beneficios de la educación musical para los niños están sobradamente demostrados. En el curso «Inteligencias múltiples», Miriam Escacena nos recuerda que la inteligencia musical comienza a desarrollarse en la primera infancia, incluso antes de que los peques comprendan cómo se utilizan los instrumentos. El caso es que en ciertas ocasiones no pretendemos estimularles, sino ayudarles a encontrar la calma o simplemente acompañarles cuando algo les inquieta. La música también es muy útil para estos fines. Piénsalo con detenimiento. Seguro que se te ocurren muchas situaciones que puedes acompañar con canciones para poner a prueba sus efectos.

Una canción única y especial para tu hijo

Pocos regalos duran toda una vida. Raquel Pascual nos propone uno que no sólo es para siempre, sino que podemos ofrecerlo al bebé desde antes de su llegada al mundo. En el curso «Música en la primera infancia», Raquel te da las claves para componer una canción única y especial para tu hijo. Los bebés comienzan a captar sonidos alrededor del cuarto o quinto mes de gestación. Crear una nana personalizada en familia es una experiencia divertida y emocionante. Papás, hermanos, abuelos, tíos... todos pueden participar en el proceso. El cariño y la ilusión son los únicos ingredientes imprescindibles.

Esta canción puede acompañar al niño durante el último trimestre del embarazo, periodo en el que ya reacciona a los sonidos que percibe. Si después del nacimiento continuamos ofreciéndosela, esa nana estará ligada al afecto, la tranquilidad y las sensaciones agradables. El secreto está en esa continuidad. "Cuando el bebé va creciendo, su canción se convierte en una potente herramienta para usar en momentos de estrés", comenta Raquel Pascual. No sólo él se relajará al escucharla: también lo harás tú al cantar. Al controlar tu respiración y centrarte en una actividad positiva te acercarás a un estado de sosiego. Los niños son muy permeables al estado anímico de sus cuidadores. Por eso, si quieres transmitirles serenidad ante la angustia, lo primero que necesitas es sentirla.

Cuando las rutinas se complican

En todos los hogares hay puntos del día que son propensos al conflicto. Cuando se trata de rutinas no evitables es fácil caer en la desesperación y perder la paciencia. Algunos niños, por ejemplo, llevan fatal los viajes en coche. Se aburren, se enfadan, se ponen nerviosos y pueden desatar el caos en mitad de la autopista. En un espacio tan reducido como el automóvil, los papás no tenemos escapatoria posible. En lugar de enfadarnos, podemos probar a cantar para pasar el rato. Es más: si los peques ya son capaces de comprender las letras, las canciones que hablan del paso del tiempo son especialmente eficaces. Les ayudan a recordar que todo pasa, que tras ese tedioso viaje llegarán momentos más placenteros. Otra buena opción es inventar en común canciones que hablen de las cosas que vamos contemplando a través de la ventanilla.

En circunstancias de otro tipo, la anticipación es un factor determinante. Si tu hijo se altera cuando anuncias que toca recoger los juguetes, tomar un baño, ir a la cama... puedes convertir ese instante en algo mucho más divertido utilizando una canción. Intenta que el niño se sienta identificado con lo que escucha: tal como ocurre con los cuentos, la conexión es más sencilla cuando se ve reflejado en un personaje o una historia. No te preocupes si no te sobra creatividad para componer. Raquel Pascual aporta un montón de ideas y ejemplos en el curso «Música en la primera infancia».

Música para acompañar momentos difíciles

Las rabietas y los berrinches no son los únicos contratiempos ante los que la música puede resultar útil. Cuando su protagonismo en los juegos y las rutinas diarias es constante, la música también ayuda a los niños a sobrellevar coyunturas complejas para ellos. La llegada de un hermanito, un cambio de escuela, una mudanza a otra ciudad, el fallecimiento de un familiar... son situaciones que despiertan emociones de difícil gestión. Acostúmbrales a convivir con la música, a relacionarla directamente con la felicidad; y en ella encontrarán un refugio para esta clase de momentos.

Foto: Evelyn [CC0 1.0]

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