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Ningún alumno se libra de estudiar la pirámide alimentaria en algún momento de la educación básica. De hecho, a menudo es un tema que se aborda en más de una ocasión. Se profundiza más en él cuanto mayores sean los alumnos, pero la esencia es la misma. El profesor de biología o de ciencias muestra a los jóvenes una pirámide que, presuntamente, resume las claves de una dieta sana y equilibrada. En la base de la estructura se sitúan los alimentos que deben consumirse con mayor frecuencia, mientras que en la zona más alta están los que se aconseja comer con frecuencia moderada.

El asunto está lejos de ser anecdótico. Esa información que aparece en las aulas y los libros de texto suele ser reiterada por los medios de comunicación. A base de repeticiones, la clasificación de alimentos que hace la pirámide se graba en la mente de los consumidores. Compruébalo: pide a cualquiera que intente recordar y dibujar la pirámide alimentaria que le enseñaron en el colegio. Seguramente, el resultado final tenga muchos puntos en común con el que verás bajo estas líneas.

Derribando la pirámide alimentaria

La imagen está extraída de un documento llamado Guías alimentarias para la población española (SENC, diciembre 2016). La nueva pirámide de la alimentación saludable. Lo publica la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), aunque en muchos libros escolares es posible encontrar pirámides casi idénticas. Así es como esta clase de esquemas se convierten en referencias sobre alimentación sana en miles de hogares y para miles de familias. Si es lo que tus hijos han aprendido en el colegio, quizá quieras informarles cuanto antes de los numerosos errores que contiene este gráfico.

Miguel Ángel Lurueña dedica unos minutos a analizarlo en el curso «Cómo hacer una compra saludable». Algunas de las recomendaciones son aberrantes, como incluir el consumo "opcional, moderado y responsable" de bebidas alcohólicas. ¿Realmente pueden ponerse sobre la mesa estos productos cuando se habla de nutrición desde el rigor? Por si fuera poco, el alcohol aparece al mismo nivel visual que la carne, aunque se deje fuera de la pirámide. Y dentro de la carne, no se establece ninguna diferencia entre productos procesados y no procesados. Existen pruebas de que el consumo de los primeros implica más riesgos para la salud y por ello debe restringirse en mayor medida.

Otros aspectos pueden pasar desapercibidos a primera vista. Por ejemplo, los cereales están en la base de la pirámide y las frutas y verduras en un segundo nivel. El orden debería ser el inverso. "Lo que nos enseñan sobre nutrición no siempre es riguroso, no siempre está actualizado de acuerdo con evidencias científicas. Tenemos muchas ideas erróneas en la cabeza y a veces no sabemos qué comprar o comer", advierte Lurueña.

Alternativas para una alimentación saludable

Si buscas un modelo de alimentación sana y equilibrada que ofrecer a tus hijos, puedes olvidar las pirámides y simplificar las cosas. Es justo lo que han hecho los expertos de la Universidad de Harvard. En este prestigioso centro se decantan por una figura mucho más cotidiana: el plato. Aproximadamente un 30% de verduras, un 25% de cereales integrales, otro tanto de proteínas saludables y un 20% de frutas forman su propuesta de menú saludable.

Gran parte del problema radica en los intereses detrás de la información sobre alimentación y dietas. A menudo, quienes lanzan los datos están más preocupados por nuestros hábitos de consumo que por nuestra salud. Si quieres desprenderte de creencias equivocadas y sustituirlas por criterios sólidos, te recomendamos el curso «Cómo hacer una compra saludable». Las directrices de Miguel Ángel Lurueña te servirán para reorientar las costumbres de tu familia. Si tus hijos todavía son pequeños, nada como ofrecerles hábitos saludables desde el principio. Con el pack de cursos «Alimentación 0-24 meses» tendrás todo lo que necesitas para ayudarles a comer de forma segura y consciente desde sus primeros meses de vida.

Foto: Designed by Freepik

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