Cada 30 de enero celebramos el Día Escolar de la No Violencia y la Paz. La fecha fue elegida por la UNESCO en homenaje a Mahatma Gandhi, asesinado en ese día de 1948. La jornada nos propone potenciar la educación en valores, paso ineludible para avanzar hacia una sociedad justa, solidaria y tolerante. Igual que en el Día Internacional de la Educación, estas metas nos traen a la mente las enseñanzas de María Montessori. Su modelo está repleto de herramientas diseñadas para educar desde el respeto. En el curso «Montessori en el hogar», Bei M. Muñoz presenta muchas de ellas. Entre las más conocidas está la Mesa de la Paz.

La Mesa de la Paz es un recurso adaptable a cualquier hogar y cualquier aula. Probablemente debería haber un rincón de este tipo en todos los espacios en los que haya un niño, en especial en aquellos en los que convivan varios. Pero, como podrás comprobar, también resulta útil para los adultos. Porque no sólo los niños sienten tristeza, enfado o frustración; no sólo ellos tienen conflictos que necesitan resolver de forma pacífica. Todos necesitamos escuchar y ser escuchados. La Mesa de la Paz ofrece el contexto ideal para hacerlo. Como siempre sucede con Montessori, lo que hacemos al educar es principalmente aprender.

¿Qué es la Mesa de la Paz?

En la vida familiar hay ciertos momentos en que nos sentimos superados por las emociones. Algo nos apena, nos altera o tenemos una discusión con otro miembro del núcleo. La Mesa de la Paz es un espacio seguro al que acudir en ese tipo de circunstancias. Se puede utilizar en solitario, cuando necesitamos tiempo para calmarnos y ordenar nuestros sentimientos; o en compañía, si lo que necesitamos es conversar tranquilamente cuando surge una discrepancia entre varias partes. Lo importante es que todo el mundo entienda que es un rincón sagrado: bajo ningún concepto se puede molestar a quien esté sentado ante la Mesa de la Paz.

Aproximadamente desde los 3 años, los niños pueden comprender y asumir el funcionamiento de este recurso. Es normal que les cueste cumplir las reglas de uso al principio, pero es cuestión de tiempo que se acostumbren a ellas. Es una idea sencilla y eficaz para acompañarles mientras aprenden a controlar sus emociones y resolver sus conflictos. Además, les ayuda a desarrollar otras habilidades, como la reflexión introspectiva, la empatía, la capacidad de escucha y la expresión oral.

¿Qué necesitas para crear tu Mesa de la Paz?

Cada hogar, cada familia o cada aula escolar puede crear una Mesa de la Paz que se ajuste a sus necesidades. Como orientación y punto de partida, podemos hablar de cuatro elementos básicos, atendiendo a las ideas de María Montessori.

  • La mesa. Por supuesto, debe ser accesible para los niños, con la altura adecuada para que puedan sentarse ante ella. Mejor aún si puede ser exclusiva, si no la empleamos para otros fines. Basta con una pequeña mesa en la esquina de una estancia. Si es baja, podremos sentarnos en el suelo a su alrededor y ni siquiera harán falta sillas que requieran ocupar más espacio.
  • El reloj. Escoge un hermoso reloj de arena para colocarlo en el centro de la mesa. Cuando alguien necesite un tiempo para tranquilizarse, puede sentarse en la Mesa de la Paz, darle la vuelta y observar cómo la arena pasa de un lado al otro. Unos 3 minutos suelen ser suficientes para los más pequeños. Además, pueden voltear el reloj todas las veces que necesiten.
  • El instrumento de paz. Debe ser un objeto bello y especial. Con frecuencia se utiliza una flor, pero hay muchísimas cosas que pueden cumplir esta función. Por ejemplo, los tesoros que encontréis en vuestras excursiones: una caracola recogida en la playa, una rama con forma de varita mágica encontrada en un paseo por el bosque... La persona que tenga en las manos el instrumento de paz tendrá el turno de palabra y no podrá ser interrumpida. Cuando acabe, deberá cederlo a su interlocutor.
  • La campanilla. Se hace sonar cuando quienes se han sentado ante la mesa han alcanzado un acuerdo.

Las reglas de la Mesa de la Paz

Lo más recomendable es introducir la Mesa de la Paz presentando su uso individual. Así, colocando en ella únicamente el reloj de arena y el instrumento de paz, podremos explicar a los niños que es un lugar al que pueden acudir cuando no se sientan bien. Les contaremos que nadie puede molestarles cuando estén allí, que observar cómo cae la arena les ayudará a calmarse. En cuanto se acostumbren a ella podemos presentarles el uso colectivo. Es fundamental que tengan clara la importancia de respetar los turnos de palabra, pasando el instrumento de paz de mano en mano; y también el empleo de la campanilla, símbolo del acuerdo.

Puede ser interesante no esperar a que haya un conflicto para introducirles en este último uso. Podemos hacerlo a modo de juego de rol, recordando un problema habitual o ya superado, proponiéndoles afrontarlo según la dinámica de la Mesa de la Paz. Así les mostraremos también que estamos disponibles para actuar como moderadores cuando lo necesiten. El adulto neutral jamás debe posicionarse a favor de ninguna de las partes en la Mesa de la Paz. Sólo se asegura de que no haya agresividad ni gritos, de que se respeten los turnos de palabra y de recordar las reglas pactadas previamente. Por ejemplo, comentarles que no es un espacio para señalar culpables, sino para expresar nuestros sentimientos ante los demás.

Con frecuencia, la Mesa de la Paz se plantea como alternativa a la famosa silla de pensar. Las diferencias están claras. La silla no hace más que aislar a los niños cuando se sienten mal, mientras que la mesa fomenta la gestión de emociones, la negociación y la expresión de los sentimientos. En el curso «Montessori en el hogar» profundizamos sobre esta y otras muchas herramientas de esta pedagogía. Abrir a este método las puertas de nuestra casa o nuestra aula es un paso hacia la armonía y la felicidad. Porque como dijo la propia María Montessori, "la felicidad del niño es una prueba de lo acertado de las intervenciones educativas".

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