El segundo año de vida de los bebés es ante todo un año de exploración y experimentación. Su capacidad para expresarse y para moverse aumenta a diario, se sienten seguros y desean poner a prueba su autonomía. Continúan conociéndose a sí mismos, pero lo hacen mientras descubren el mundo. Es una etapa maravillosa, repleta de nuevos intereses y asombro ante cada hallazgo. Tal como señala Alejandra Melús en el curso «Guía del bebé (0 a 3 años): desarrollo, juegos y emociones», es una fase en que tu bebé avanza a pasos agigantados en el camino que le conducirá a convertirse en niño. Necesita que le acompañes desde la observación atenta, el respeto y la confianza en su potencial. Y por supuesto, que disfrutes a su lado de este proceso único y fascinante.

 

1. Mucho movimiento... y mucha libertad

Entre los 12 y los 24 meses percibirás cambios sustanciales en la capacidad de movimiento de tu hijo. Muchos niños comienzan a caminar durante este tiempo, aunque cada uno tiene un ritmo que debemos respetar. Lo imprescindible es ofrecerles condiciones para trabajar todas las habilidades relacionadas con su motricidad. No se trata únicamente de un desarrollo físico, dado que estas destrezas también influyen en su independencia y su autoestima. Por eso hay que dejar que progresen por sí mismos y en libertad. Es preciso que el espacio sea seguro, que esté preparado para que se muevan sin peligro. De este modo evitaremos tener que estar advirtiendo, prohibiendo y corrigiendo constantemente. En el curso «Movimiento libre del niño en la etapa 0-3 años», Eduardo Rodríguez explica cómo preparar los espacios y materiales de juego, partiendo de los principios de la pedagogía Pikler.

2. Aprendiendo a utilizar las manos

El aprendizaje de la marcha concentra mucha atención durante el segundo año de vida de los niños. Sin embargo, su capacidad de movimiento tiene un montón de matices más. El uso de las manos, por ejemplo, multiplica su precisión en esta etapa. Nada como practicar el Baby Led Weaning (BLW) para comprobarlo a la hora de comer. Comer usando las manos les animará a experimentar con texturas, formas y sabores; y tal vez se interesen poco a poco por el funcionamiento de los cubiertos. Vale la pena permitir que se ensucien y hagan las cosas a su manera: cuantas más intenten, más rico será su aprendizaje. "Es mejor que nos pongamos en su piel y pensemos como niños que intentar que el niño sea adulto a la fuerza", recuerda Alejandra Melús.

Manipular barro o arcilla, colorear, hacer torres o puzles con 2 o 3 piezas... existe una amplia variedad de actividades que atraerán el interés de tu hijo de 1 año. A través de ellas desarrollará su motricidad fina y la coordinación ojo-mano, entre otras habilidades. En el curso «Materiales educativos DIY en la primera infancia», Cristina Ramírez Donaire aporta ideas que puedes aplicar en casa sin gastar mucho dinero. Además de los juegos específicos, los 12-24 meses también son un excelente momento para involucrar a tu hijo en sencillas tareas domésticas. ¿Por qué no empezar por alentarle a recoger su cuarto cuando termine de jugar? Se sentirá tenido en cuenta, como miembro de un hogar que también es el suyo.

3. Desarrollo y madurez del lenguaje

Desde su primer día de vida, tu bebé empleará los recursos a su alcance para comunicarse contigo. Como es evidente, con el paso del tiempo será capaz de transmitirte mensajes cada vez más complejos. El papel de padres y educadores consiste principalmente en prestar atención y ser muy pacientes. No existe una edad concreta a la que los niños deban empezar a hablar. "Cada niño tiene su ritmo y necesita su tiempo para integrar y madurar los conocimientos adquiridos", insiste Alejandra Melús. No hay motivos para tener prisa. Tu hijo comprenderá lo que le dices mucho antes de aprender a hablar, por lo que puedes dirigirte a él con toda naturalidad, usando un vocabulario rico y distintos tonos de voz. Esa es la mejor manera de ayudarle a avanzar.

Entender lo que mamá y papá dicen hace que el pequeño se sienta conectado. Le encantará echar una mano obedeciendo órdenes sencillas ("tira tu pañal a la basura", "pon este juguete sobre la mesa"). Pero si te apetece potenciar la comunicación antes de que adquiera habilidades para el habla, la lengua de signos es una formidable herramienta. Entre los 6 y los 8 meses los niños suelen estar preparados para aprender sus primeros gestos. Ruth Cañadas te da las claves para comenzar en el curso «Lengua de Signos para bebés». Es una hermosa manera de fortalecer vínculos, trabajar la empatía y estimular el desarrollo intelectual de tu hijo.

4. Descubriendo la magia de la lectura

Cualquier edad es buena para compartir con los niños el placer de la lectura. Tu bebé disfrutará al escucharte leer cuentos incluso antes de nacer, porque ya en el útero son capaces de percibir voces y sonidos. En la etapa 12-24 meses es normal que aumente su interés por los relatos e historias: como hemos visto, sus capacidades de comprensión y expresión están en pleno crecimiento. Aprovéchalo al máximo y no dejes pasar la oportunidad de crear bonitos rituales de lectura. El cuento antes de dormir, por ejemplo, es un momento mágico que no te puedes perder. La hora de leer contiene conexión, cariño, creatividad, descubrimientos... y sobre todo, recuerdos que permanecen para siempre.

5. La importancia de los horarios

Los hábitos de sueño de un niño de un año son, por lo general, muy diferentes de los de un bebé de 4 meses. Las horas dedicadas a dormir se concentran cada vez más en la noche. Además, con la introducción de los alimentos complementarios, los momentos de comer también se van regularizando. La improvisación es fantástica para los juegos, pero para esta clase de rutinas es positivo ofrecer a tu hijo unos horarios estables. Le ayudará a afrontar la jornada con relajación, sabiendo a menudo qué va a pasar justo después. Tanto las horas de sueño como las de ocio os resultarán así mucho más tranquilas y agradables.

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